Por esas cosas de la vida, imprevistas y profundas del azar, en un día se puede vivir muchísimo, efectivamente sucedió en noviembre del 2007, y todo comenzó al salir el sol de Madrid.

Mañana fría, amenazando un invierno crudo, yo dispuesto a visitar museos, mis amigos dispuestos a visitar ferias populares famosas de la ciudad. A una hora determinada luego de charlas de planificación turística me decidí abandonar mi proyecto y me sumé a la visita de ferias y compras de baratijas. Salimos en un perfecto orden de improvisación y luego de caminar unas cuadras llegamos al pintoresco lugar del mercado, entre mis amigos, simpatice con aquella pareja de Uruguayos (Laura y Néstor) que provistos de un termo que portaba Néstor, se deleitaban bebiendo permanentemente hierba mate, la pareja estaba acompañada de Betina, una colega de Laura con quien hice amistad inmediata.
Pudimos no solo recorrer esas tiendas callejeras agarrotadas de publico sino que logramos acordar una visita a la ciudad de Toledo, que la efectuaríamos tan pronto pudiésemos alcanzar el Tren de las 14 horas de la estación de Moncloa.

Perdimos el tren pero ganamos con el autobús a 2 estaciones de Moncloa, durante el viaje, pudimos establecer una conversación muy simpática y de coincidencias muy entretenidas, acompañados naturalmente del mate, fotos y relatos de experiencias de nuestras vidas en nuestros respectivos países, Betina debo confesar que no solo me agradaba con su conversación y su humor, sino que por su belleza de joven mujer su dulzura,su risa, su sentido del humor y personalidad que dejó reflejar un especial encanto.

Llegamos a la ciudad de Toledo, auténtica joya monumental se dice que ninguna ciudad española condensa tanta historia de España, ni reúne tantos monumentos de las más variadas culturas que por ella han pasado: la hispano-romana, la árabe, la judía y por último la cristiana. Fue de verdad impresionante, en nuestro recorrido improvisamos un almuerzo con refrescos y sándwiches callejeros, frente a una Iglesia, ubicada en una plaza milenaria con un decorado de piedras y columnas y vistas que me encantaban al igual que la simpatía de Betina.

Conversamos no solo con la historia sino que con nuestro presente y por supuesto de nuestro futuro. Néstor un hombre de pocas palabras pero de mucha reflexión, nos escuchaba atentamente, Laura nos guiaba en nuestro paseo y no se cansaba en ningún momento a pesar que el termo que suministraba agua caliente para el mate se había agotado. Betina me seguía en mis conversaciones y descubrimientos, calles y construcciones diversas muy hermosas construidas y reconstruidas con una prolijidad increíble, nos impresionaban sus ventanas, puertas, escudos, figuras, decoraciones, balcones, cerraduras, y nos preguntábamos ¿quién vive aquí?

No conforme con todo lo que veíamos, caminábamos y caminábamos descubriendo ahora perspectivas, vistas bellísimas, estilos arquitectónicos, jardines, muchas piedras, estrechas callejuelas donde soñamos ser seres del medioevo, soñamos vivir en esas viviendas ubicadas unas frente a otras cuyos balcones y ventanales están a solo centímetros de distancia, inventamos personajes, escenarios y en mi sueño soñé ser un caballero medieval que raptaba a su amada y la escondía en el laberinto de las calles de Toledo. Todo era risa.-

Llego la tarde salimos a las afueras de la ciudad, observamos sus alrededores desde los muros de la antigua ciudad fuerte, nos preguntamos como se alimentaría de agua esta ciudadela, inventamos soluciones hidrológicas ya que no sabíamos como se podían abastecer de agua, sus antiguos habitantes; A lo lejos en nuestros sueños divisabamos a los caballeros cruzados y talvez a Sancho Panza, Laura nos despertó y nos invito para seguir caminando ahora para visitar La mezquita.

Seguimos nuestro camino sin rumbo preciso, Betina pregunto la ruta a seguir a la primera persona que encontramos, un señor muy agradable, que nos enseño el camino y nos hablo de su ciudad, era un artista-historiador, nos explico lo singular de la ciudad, su rica historia, sus visicitudes, sus contrastes espectaculares de culturas, religiones y arquitecturas y por supuesto que nos explico el suministro de agua, gracias al río que pasa cerca de la ciudad.
Sin querer y buscando la mezquita, llegamos de improviso a la Catedral, la llamada “dives toledana”. Fue construida sobre el antiguo solar de la catedral visigoda y de la mezquita. Por sus dimensiones es uno de los mayores templos de la cristiandad. Luego de avanzar por sus alrededores, llegamos a la puerta principal e ingresamos segundos ante del cierre. Lo impresionante de esta construcción es que logra perfectamente hacer sentirse pequeño a cualquier visitante, reflexionamos sobre la credibilidad de la Iglesia en el medioevo, pensabamos que para un campesino o cualquier individuo de la época, difícilmente hubiese sido posible dudar al entrar a tan monumental edificio y obra de arte, la sola altura de sus naves y lo grandiosos de sus espacios sin considerar su decoración, figuras y arquitectura interior, provocan un temor a lo pequeño del individuo frente a la grandeza de lo “divino”, este sentimiento lo exprese en un abrazo de amistad a Betina. Fue una visita que finalizo muy gratamente acompañada de un frío atardecer.

La noche nos acompaño en la búsqueda de la mezquita, el mapa ya nos había abandonado, si “preguntando se llega a Roma” - nos dijimos- ¿porque no preguntar para llegar a la Mezquita?, exactamente eso hicieron Laura y Néstor, consultaron a una pareja que se aprestaba a tomar su coche, luego de recibir instrucciones muy precisas respecto a los próximos pasos a dar, quedamos igualmente en duda respecto al último tramo para llegar a nuestro destino, en efecto nunca entendimos la lógica de si teníamos que bajar la bajada y luego subir la subida, que muy seriamente discutían nuestros informantes. Entendimos que debíamos descender el camino próximo a nosotros y luego subir hacia la colina donde finalmente se encontraba nuestra mezquita.

Llegamos de noche, un edificio que aún conserva su estructura, se encontraba en trabajos de reconstrucción y ya a esa hora solamente nosotros éramos sus visitantes, luego de reflexionar sobre el “subir la subida y bajar la bajada” con el fin de entender su exacta ubicación, decidimos abandonar nuestro recorrido sin antes tomar las ultimas fotos de recuerdo y tratar de descifrar los textos que adornaban el frontis de la mezquita.

De regreso "bajamos la bajada" cruzamos calles iluminadas con faroles que se reflejaban en la humedad de las piedras. Antes de tomar el autobús hacia la estación, pasamos a un restaurante que nos permitió recuperar fuerzas gracias a la sangría que bebimos en amena conversación y acompañados de imágenes del partido de fútbol del Real Madrid que transmitía en ese momento la TV.

Una vez arriba del bus, Betina con una magistral pregunta al chofer, nos dejo riendo a varios pasajeros, la pregunta fue más o menos así, señor (preguntando al chofer) "¿este bus que va a la estación, nos deja en la estación”?,

La estación fue nuestro último momento para compartir, compramos los ticket del pasaje de regreso pero por razones misteriosas quedamos separados, en el trayecto, mis recuerdos del día se reflejaron en la ventanilla del tren donde se veían pasar raudas las luces de las cercanías de Madrid, misteriosamente aparecieron entre mis pensamientos las imágenes de dos Ángeles con el rostro de Betina, ¡¡ se habían escapado de dos de las cinco naves de la catedral de Toledo!!, estaban cubiertos con linajes del siglo XIII, uno en un entorno de estilo gótico, el otro en un entorno de estilo mudéjar; Hasta hoy me pregunto ¿ talvez se escaparon de unos de los cuadros ubicados en la sacristía pintados por El Greco, Goya, Tiziano, Rubens, Van Dyck o Rafael.

Abrazos y besos para ustedes Laura, Betina, Néstor.-

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